Lo primero pediros disculpas por la excepcional falta de actividad tanto en el blog como en el podcast, motivada en gran medida por los proyectos que estamos cerrando estos días y que verán la luz (catódica) dentro de poco.
Llevo varios días recopilando noticias sobre medidas tecnológicas de protección (anti-copies y DRM’s), y aunque Antonio Ortiz me ha pisado el tema hace unos minutos, me apetece dar mi punto de vista ante tantas noticias.
A Apple, la presión por su monopolio de facto en la industria de música online y de reproductores MP3’s, motivada en parte por su restrictivo DRM FairPlay, empieza a generar movimientos judiciales. Leí la pasada semana que en Julio se presentó una demanda con Apple por prácticas monopolísticas, «por utilizar restricciones tecnológicas innecesarias e injustificables en la mayoría de sus productos más populares, en un esfuerzo por restringir las opciones de los consumidores y la poca competición que tiene en el mercado de música digital.»
Apple solicitó el desistimiento de la demanda, petición que fue denegada por el Juez en Noviembre en base a que en una cuestión de monopolio se deben demostrar los hechos y éstos deben ser analizados en juicio. Desgraciadamente poco futuro le veo a este caso sobretodo cuando, por un lado la imposición de medidas tecnológicas está amparada por la ley, y por otro, prácticamente todos los competidores de Apple realizan prácticas muy similares (por no decir idénticas).
Aunque en muchos sitios se anuncia el final de los DRM, la experiencia me dice que este tipo de noticias hay que tomárselas con cautela, sobretodo cuando creo que en Internet hay cada vez más desinformación. En Boing Boing publican, por ejemplo, «Emi abandons CD DRM«, cayendo en el error de confundir los DRM’s de las medidas anticopia. Sí creo que ya no hay lugar para las medidas anticopia (al estilo del CSS de los DVD que no permiten ningún tipo de uso de la obra más allá de su mera visualización), pero ello no quiere decir que la industria abandone definitivamente toda medida tecnológica de protección, ya que, aunque de forma diferente y marcada por la experiencia, creo que sí veremos cambios interesantes en el mundo de los DRM’s.
Como consumidor es evidente que los DRM me afectan, aunque en mi nuevo Hi-Minidisc Sony MZ-RH1, los ingenieros de la japonesa, desoyendo las exigencias de sus compañeros de la discográfica, decidieron permitir la importación al ordenador de música grabada con antiguos Minidisc, algo que hasta entonces no permitía el DRM de los aparatos de Sony. Una buena noticia para los consumidores, una mala noticia para las discográficas.
Estoy en la línea de Paul Birch, presidente de una pequeña independiente y miembro de la IFPI, quien afirma que el escenario de los DRM’s se modificará, que el concepto que tenemos hoy en día de DRM está muerto. Las discográficas se están dando cuenta de esto y se están moviendo hacia modelos alternativos con experimentos como Spiralfrog, suscripciones a servicios de música, eMusic y los que estoy seguro que serán las futuras claves de la industria discográfica: los ISP.
Y todo esto ocurre mientras que los nuevos soportes de alta definición han sido lanzados y su medida de protección (AACS) ha sido parcialmente vulnerada, algo que, por otro lado, ya estaba previsto y a pesar de la alegría de algunos, no supone una auténtica elusión de la medida sino, creo yo, un intento de su creador por alcanzar notoriedad en la Red. Ed Felten explica el funcionamiento del AACS mucho mejor que yo.
Intentando también vaticinar el futuro, apuesto por la desaparición de las medidas anticopia y por la racionalización (interoperabilidad, usos justos, etc.) de los DRM.
PS: ya soy beta tester (por fin) de The Venice Project. Espero dejar mis impresiones en unos días, una vez que lo haya probado a conciencia.
Hola Andy!, un placer leerte de nuevo.
Este tema de los DRMs es verdaderamente complicado. Desde mi punto de vista, el fracaso de la primera generación de DRMs está exactamente en las dificultades que tiene el derecho de propiedad intelectual en las nuevas redes: presumir que el productor/autor/distribuidor puede (y debe) tener control obsoluto sobre su obra. Un DRM que restrinja, controle y limite usos para cada obre bajo control y supervisión de los derechohabientes está abocado al fracaso por inoperativo y desajustado a la realidad de Internet.
Existe, sin embargo, una esperanza para los DRMS…la nueva generación debe venir de la mano de un acuerdo global de interoperabilidad y estandarización de DRMs. Un DRM estandar para todos, transparente al usuario, que facilite información pero no restrinja ni limite los usos.
Una quimera, porque a ver quien es el guapo que pone de acuerdo a fabricantes de equipo, autores, productores, vendedores de musica online, fabricantes de software…
Andy apuesta por el uso justo… Yo, sin embargo, apostarÃa por el precio justo, y no me refiero al famoso concurso de la televisión, sino al precio que equilibre los derechos de todos.